martes, 13 de julio de 2010

Heredarás el viento

“Heredarás el viento” trata del célebre “juicio del mono”, un proceso que tuvo lugar en 1925 en un pueblito sureño para castigar a un profesor de secundaria que tuvo la osadía de enseñar la teoría de Darwin, algo que estaba prohibido en la legislación regional. El juicio tuvo una gran repercusión tanto nacional como internacional, por representar un enfrentamiento entre la tradición religiosa y la modernidad científica, tendencias defendidas en la corte por dos personalidades como William Jennings Bryan, un ex-candidato presidencial que se ofreció como fiscal acusador, y el compañero abogado Clarence Darrow, quien había ganado una merecida fama como abogado laboralista al defender a Eugene Debs, ferroviario bien compañero y a Bill Haywood, otro sindicalista (que terminó asesorando a Lenin en cuestiones de trabajo en los primeros días de la revolución rusa nada menos), de los enjuagues de los empresarios de aquellas epocas (que nada que ver con estas).
La presencia de dos juristas famosos, discutiendo la teoría de la evolución, atrajo la atención de la prensa mundial y fue uno de los sucesos noticiosos de esa década en EE.UU.

El director de cine Stanley Kramer dirigió en 1960 una adaptación de la obra de teatro, en la que se representa fundamentalmente el conflicto entre el abogado de la defensa interpretado por el genial Spencer Tracy y de la acusación. Candidata a cuatro premios Oscar en las categorías de mejor actor (Spencer Tracy), mejor filmografía, mejor montaje y mejor guión adaptado.

Pero el gran atractivo de la obra, tanto en el teatro como en el cine y la televisión, es el tema que muestra los prejuicios de la provincia norteamericana, todavía aferrada grandemente a la tradición bíblica, y donde un juicio controversial como el propuesto estaba de antemano a favor de la causa conservadora. El interés de la trama se centra en las dificultades que encara Darrow para defender al joven profesor, al prohibírsele al abogado el recurso de presentar testimonios de autoridades científicas. En un recurso desesperado, Darrow llama como testigo de cargo al mismo fiscal acusador, y lo pone en ridículo al cuestionar expertamente sus creencias religiosas con argumentos racionales y científicos.
Al final, el profesor es declarado culpable en forma simbólica, para no antagonizar a los provincianos, pero la sentencia es tan leve (apenas cien dólares de multa) que nadie duda de la victoria de Darrow.
El fiscal Bryan muere al final del juicio (varios días después, en la vida real), frustrado por la ridícula condena.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

presentar a William Jennings Bryan solo como un fanático religioso es un error. Estuvo más cerca de lo que aca consideramos nac&pop que cualquier otro político de su época (aunque no terminara asesorando a Lenin) Su lucha contra los trust, el patron oro y las empresas ferroviarias es legendaria.
Grises, hay grises en la historia.

paparulo.blog.com dijo...

Aca no hubo muerte pero al menos pudimos ver a la perra llorar.

La lagrima de Negre pago el desvelo.

saludos

Ariel dijo...

William Jennings Bryan pasó a la historia por su posición errada en ese juicio, cuando fue un gran luchador por los derechos humanos.
Su posición contra la teoría darwinista no pasaba tanto por un férreo fundamentalismo religioso, como por el contacto, a través de libros de la época, con el concepto totalmente distorsionado de "darwinismo social" que se pregonaba desde Alemania. A eso el lo veía (con razón) como un retroceso a la bestialidad desde un mundo que debía ser regido por la caridad cristiana.
La peli, eso sí, es buenísima.