Hace 30 años teníamos el pelo largo. Bueno, no. Hace hoy exactamente 30 años el dolar estaba a 43.3 australes.
Y en abril del 89 termino en 68 australes.
Recuerdos que mienten un poco...
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miércoles, 27 de marzo de 2019
jueves, 31 de enero de 2019
Ahora que no quieren el petroleo
Ahora que nos quieren hacer creer que el petroleo de Venezuela es en realidad caro y difícil de procesar es bueno recordar esta historia acerca de como se tergiversan los hechos, se esconden los números, se conquista mentalmente con información parcial, sesgada, falsa y luego se transforma en historia oficial contra intuitiva.
Siempre es bueno recordar ese dicho norteamericano "si tiene pico de pato, plumas de pato, patas de pato y hace cuac!...debe ser un pato"
Jason Hickelby para Al Jazeera
"En Gran Bretaña se suele contar la historia de que, por muy horrible que haya sido, la colonización de India no reportó ningún beneficio importante a Gran Bretaña.
En todo caso, la administración de India supuso un coste para Gran Bretaña, de modo que el hecho de que el Imperio británico se mantuviera durante tanto tiempo, continúa esa historia, fue un gesto de la benevolencia británica.
Una nueva investigación de la prestigiosa economista Utsa Patnaik recién publicada por Columbia University Press atesta un duro golpe a este relato.
Basándose en casi dos siglos de minuciosos datos sobre los impuestos y el comercio Patnaik Utsa Patnaik calculó que Gran Bretaña había sacado a India un total de casi 45 billones de dólares durante el periodo comprendido entre 1765 y 1938.
Se trata de una cantidad colosal. Comparativamente 45 billones de dólares es 17 veces más que el actual producto interno bruto anual total de Gran Bretaña.
¿Cómo ocurrió?
Sucedió por medio del sistema de comercio. Antes del periodo colonial Gran Bretaña compraba a los productores indios productos como textiles y arroz, y los pagaba de la forma normal, generalmente con plata, como hacía con cualquier otro país. Pero algo cambió en 1765, poco tiempo después de que la Compañía de las Indias Orientales se hiciera con el control del continente y estableciera un monopolio sobre el comercio indio. Funcionaba de la siguiente manera: la Compañía de las Indias Orientales empezó a recaudar impuestos en India y luego utilizó inteligentemente una parte de estos ingresos (aproximadamente una tercera parte) para financiar la compra de artículos indios para uso británico. En otras palabras, en vez de pagar los artículos indios de su bolsillo, los comerciantes británicos los adquirían gratis “comprándoselos” a las y los campesinos y tejedores con el dinero que les acababan de quitar.
Fue una estafa, un robo a gran escala. Sin embargo, la mayoría de las personas indias no se dieron cuenta de lo que ocurría porque el agente que recaudaba sus impuestos no era la misma persona que aparecía para comprar sus productos. Si hubiera sido la misma persona seguramente se habrían olido que había gato encerrado.
Algunos de los productos robados se consumieron en Gran Bretaña y el resto se reexportó a otros lugares. Este sistema de reexportación permitió a Gran Bretaña financiar un flujo de importaciones de Europa en el que se incluían materiales estratégicos como hierro, alquitrán y madera, que fueron fundamentales para la industrialización de Gran Bretaña.
En efecto, la Revolución Industrial dependió en gran parte de este robo sistemático a India.
Por si fuera poco, los británicos pudieron vender los productos robados a otros países por mucho más de lo que los habían “comprado” y embolsarse no solo el 100 % del valor original de los productos sino también el margen de beneficio.
Después de que iniciara el control británico del India en 1858 los colonizadores añadieron un nuevo giro especial al sistema de impuestos y compras.
Como se había roto el monopolio de la Compañía de las Indias Orientales, se permitió a los productores indios exportar sus productos directamente a otros países, aunque Gran Bretaña se aseguró de que aun así el pago de aquellos productos acabara en Londres. ¿Cómo se hacía?
Básicamente cualquier persona que quisiera comprar productos a India lo tenía que hacer utilizando unos Billetes del Consejo especiales, un papel moneda único que solo emitía la Corona Británica. Y la única manera de conseguir esos billetes era comprarlos a Londres con oro y plata. De modo que los comerciantes pagaba a Londres en oro para conseguir los billetes y después utilizaban los billetes para pagar a los productores indios. Cuando los indios cobraban los billetes en la oficina colonial local se les “pagaba” en rupias que provenía de las recaudaciones de impuestos, el dinero que se les acababa de recaudar. Así que, una vez más, de hecho no se les pagaba en absoluto, sino que se les estafaba. Mientras tanto, Londres acabó con todo el oro y plata que debería haber ido directamente a los indios a cambio de sus exportaciones.
Este corrupto sistema significaba que aunque India tenía un impresionante superávit comercial con el resto del mundo (un superávit que duró tres décadas a principios del siglo XX) en las cuentas nacionales aparecía como déficit debido a que Gran Bretaña se apropiaba de la totalidad de los verdaderos ingresos provenientes de las exportaciones de India. Algunas personas consideran que ese “déficit” ficticio es la prueba de que India fue un lastre para Gran Bretaña, pero la verdad es exactamente lo contrario. Gran Bretaña interceptó enormes cantidades de ingresos que en justicia pertenecían a los productores indios. India era la gallina de los huevos de oro. Mientras tanto, el “déficit” significaba que India no tenía más opción que pedir prestado dinero a Gran Bretaña para financiar sus importaciones. Así, toda la población india se vio obligada a contraer una deuda completamente innecesaria con sus caciques coloniales, lo que consolidó aún más el control británico.
Gran Bretaña utilizó el dinero caído del cielo proveniente de este sistema fraudulento para alimentar la maquinaria de la violencia imperial ya que financió la invasión de China en la década de 1840 y la supresión de la rebelión india en 1857. Y esto se sumaba a lo que la Corona tomó directamente de los contribuyentes indios para pagar sus guerras.
Como señala Patnaik, “el coste de todas las guerras de conquista británicas fuera de las fronteras indias se cargo en su mayor parte a los ingresos indios”.
Y eso no es todo: Gran Bretaña utilizó este flujo de tributos de India para financiar la expansión del capitalismo en Europa y en zonas de asentamiento europeo como Canadá y Australia. Así que lo extraído en las colonias facilitó no solo la industrialización de Gran Bretaña sino también de gran parte del mundo occidental. Si India hubiera podido invertir en desarrollo sus propios ingresos fiscales y sus ingresos en divisas, como hizo Japón, no se sabe hasta qué punto podría haber sido diferente su historia. India se podría haber convertido perfectamente en una potencia económica. Se podrían haber evitado siglos de pobreza y sufrimiento.
Todo esto es un antídoto aleccionador contra el halagüeño relato que promueven determinadas voces poderosas en Gran Bretaña.
El historiador conservador Niall Ferguson ha afirmado que el dominio británico ayudó a “desarrollar” India. Cuando era primer ministro David Cameron afirmó que el dominio británico supuso una clara ayuda para India.
Este relato ha logrado arraigar en el imaginario popular: según una encuestra realizada en 2014 por YouGov, un 50 % de las personas en Gran Bretaña cree que el colonialismo fue beneficioso para las colonias. Sin embargo, durante los casi 200 años de dominio británico en India casi no aumentó el ingreso per capita.
De hecho, durante la segunda mitad del siglo XIX, la época de apogeo de la intervención británica, los ingresos de India se desplomaron a la mitad. La esperanza de vida media descendió una quinta parte desde 1870 hasta 1920. Decenas de millones de personas murieron sin necesidad de una hambruna inducida por la política. Gran Bretaña no desarrolló India, todo lo contrario: como deja claro el trabajo de Patnaik, India desarrolló a Gran Bretaña."
Siempre es bueno recordar ese dicho norteamericano "si tiene pico de pato, plumas de pato, patas de pato y hace cuac!...debe ser un pato"
Jason Hickelby para Al Jazeera
"En Gran Bretaña se suele contar la historia de que, por muy horrible que haya sido, la colonización de India no reportó ningún beneficio importante a Gran Bretaña.
En todo caso, la administración de India supuso un coste para Gran Bretaña, de modo que el hecho de que el Imperio británico se mantuviera durante tanto tiempo, continúa esa historia, fue un gesto de la benevolencia británica.
Una nueva investigación de la prestigiosa economista Utsa Patnaik recién publicada por Columbia University Press atesta un duro golpe a este relato.
Basándose en casi dos siglos de minuciosos datos sobre los impuestos y el comercio Patnaik Utsa Patnaik calculó que Gran Bretaña había sacado a India un total de casi 45 billones de dólares durante el periodo comprendido entre 1765 y 1938.
Se trata de una cantidad colosal. Comparativamente 45 billones de dólares es 17 veces más que el actual producto interno bruto anual total de Gran Bretaña.
¿Cómo ocurrió?
Sucedió por medio del sistema de comercio. Antes del periodo colonial Gran Bretaña compraba a los productores indios productos como textiles y arroz, y los pagaba de la forma normal, generalmente con plata, como hacía con cualquier otro país. Pero algo cambió en 1765, poco tiempo después de que la Compañía de las Indias Orientales se hiciera con el control del continente y estableciera un monopolio sobre el comercio indio. Funcionaba de la siguiente manera: la Compañía de las Indias Orientales empezó a recaudar impuestos en India y luego utilizó inteligentemente una parte de estos ingresos (aproximadamente una tercera parte) para financiar la compra de artículos indios para uso británico. En otras palabras, en vez de pagar los artículos indios de su bolsillo, los comerciantes británicos los adquirían gratis “comprándoselos” a las y los campesinos y tejedores con el dinero que les acababan de quitar.
Fue una estafa, un robo a gran escala. Sin embargo, la mayoría de las personas indias no se dieron cuenta de lo que ocurría porque el agente que recaudaba sus impuestos no era la misma persona que aparecía para comprar sus productos. Si hubiera sido la misma persona seguramente se habrían olido que había gato encerrado.
Algunos de los productos robados se consumieron en Gran Bretaña y el resto se reexportó a otros lugares. Este sistema de reexportación permitió a Gran Bretaña financiar un flujo de importaciones de Europa en el que se incluían materiales estratégicos como hierro, alquitrán y madera, que fueron fundamentales para la industrialización de Gran Bretaña.
En efecto, la Revolución Industrial dependió en gran parte de este robo sistemático a India.
Por si fuera poco, los británicos pudieron vender los productos robados a otros países por mucho más de lo que los habían “comprado” y embolsarse no solo el 100 % del valor original de los productos sino también el margen de beneficio.
Después de que iniciara el control británico del India en 1858 los colonizadores añadieron un nuevo giro especial al sistema de impuestos y compras.
Como se había roto el monopolio de la Compañía de las Indias Orientales, se permitió a los productores indios exportar sus productos directamente a otros países, aunque Gran Bretaña se aseguró de que aun así el pago de aquellos productos acabara en Londres. ¿Cómo se hacía?
Básicamente cualquier persona que quisiera comprar productos a India lo tenía que hacer utilizando unos Billetes del Consejo especiales, un papel moneda único que solo emitía la Corona Británica. Y la única manera de conseguir esos billetes era comprarlos a Londres con oro y plata. De modo que los comerciantes pagaba a Londres en oro para conseguir los billetes y después utilizaban los billetes para pagar a los productores indios. Cuando los indios cobraban los billetes en la oficina colonial local se les “pagaba” en rupias que provenía de las recaudaciones de impuestos, el dinero que se les acababa de recaudar. Así que, una vez más, de hecho no se les pagaba en absoluto, sino que se les estafaba. Mientras tanto, Londres acabó con todo el oro y plata que debería haber ido directamente a los indios a cambio de sus exportaciones.
Este corrupto sistema significaba que aunque India tenía un impresionante superávit comercial con el resto del mundo (un superávit que duró tres décadas a principios del siglo XX) en las cuentas nacionales aparecía como déficit debido a que Gran Bretaña se apropiaba de la totalidad de los verdaderos ingresos provenientes de las exportaciones de India. Algunas personas consideran que ese “déficit” ficticio es la prueba de que India fue un lastre para Gran Bretaña, pero la verdad es exactamente lo contrario. Gran Bretaña interceptó enormes cantidades de ingresos que en justicia pertenecían a los productores indios. India era la gallina de los huevos de oro. Mientras tanto, el “déficit” significaba que India no tenía más opción que pedir prestado dinero a Gran Bretaña para financiar sus importaciones. Así, toda la población india se vio obligada a contraer una deuda completamente innecesaria con sus caciques coloniales, lo que consolidó aún más el control británico.
Gran Bretaña utilizó el dinero caído del cielo proveniente de este sistema fraudulento para alimentar la maquinaria de la violencia imperial ya que financió la invasión de China en la década de 1840 y la supresión de la rebelión india en 1857. Y esto se sumaba a lo que la Corona tomó directamente de los contribuyentes indios para pagar sus guerras.
Como señala Patnaik, “el coste de todas las guerras de conquista británicas fuera de las fronteras indias se cargo en su mayor parte a los ingresos indios”.
Y eso no es todo: Gran Bretaña utilizó este flujo de tributos de India para financiar la expansión del capitalismo en Europa y en zonas de asentamiento europeo como Canadá y Australia. Así que lo extraído en las colonias facilitó no solo la industrialización de Gran Bretaña sino también de gran parte del mundo occidental. Si India hubiera podido invertir en desarrollo sus propios ingresos fiscales y sus ingresos en divisas, como hizo Japón, no se sabe hasta qué punto podría haber sido diferente su historia. India se podría haber convertido perfectamente en una potencia económica. Se podrían haber evitado siglos de pobreza y sufrimiento.
Todo esto es un antídoto aleccionador contra el halagüeño relato que promueven determinadas voces poderosas en Gran Bretaña.
El historiador conservador Niall Ferguson ha afirmado que el dominio británico ayudó a “desarrollar” India. Cuando era primer ministro David Cameron afirmó que el dominio británico supuso una clara ayuda para India.
Este relato ha logrado arraigar en el imaginario popular: según una encuestra realizada en 2014 por YouGov, un 50 % de las personas en Gran Bretaña cree que el colonialismo fue beneficioso para las colonias. Sin embargo, durante los casi 200 años de dominio británico en India casi no aumentó el ingreso per capita.
De hecho, durante la segunda mitad del siglo XIX, la época de apogeo de la intervención británica, los ingresos de India se desplomaron a la mitad. La esperanza de vida media descendió una quinta parte desde 1870 hasta 1920. Decenas de millones de personas murieron sin necesidad de una hambruna inducida por la política. Gran Bretaña no desarrolló India, todo lo contrario: como deja claro el trabajo de Patnaik, India desarrolló a Gran Bretaña."
lunes, 29 de octubre de 2018
Curiosidades de la historia
Decía Nicolas Avellaneda siendo Presidente de la Nación en 1874 "Hay dos millones de argentinos que economizarán sobre el hambre y su sed para responder en una situación suprema a los compromisos de nuestra fe en los mercados extranjeros”.
Han pasado 144 años y el programa de gobierno no ha cambiado. Hay que ahorrar (sobre el hambre y la sed) para pagar la deuda.
Han pasado 144 años y el programa de gobierno no ha cambiado. Hay que ahorrar (sobre el hambre y la sed) para pagar la deuda.
jueves, 5 de julio de 2018
Tailandia 1997
La crisis conocida como del Fondo Monetario Internacional, comenzó el 2 de julio de 1997 con la devaluación de la moneda tailandesa.
Por efecto dominó, le sucedieron numerosas devaluaciones en Malasia, Indonesia y Filipinas, lo que repercutió también en Taiwán, Hong Kong y Corea del Sur.Sólo durante las primeras semanas un millón de tailandeses y 21 millones de indonesios pasaron a engrosar las filas de los oficialmente pobres.
La crisis comenzó en Tailandia con el colapso financiero del baht tailandés, causado por la decisión del gobierno tailandés de hacer fluctuar el baht, cortando su enlace al dólar estadounidense, después de esfuerzos exhaustivos para sostenerlo.
Para ese entonces, Tailandia había adquirido una carga de deuda externa que provocó la bancarrota efectiva del país incluso antes del colapso de su moneda.
La economía de Tailandia se desarrolló en una burbuja llena con "dinero caliente".
Se requería más y más mientras crecía el tamaño de la burbuja.
El flujo de capital de corto plazo era costoso y, a menudo, altamente condicionado al beneficio económico rápido. El dinero fue a parar de manera incontrolada solo a ciertas personas, aquellas más cercanas a los centros de poder.
A mediados de la década de 1990, Tailandia, Indonesia y Corea del Sur tenían grandes déficits privados de cuenta corriente y el mantenimiento de una tasa de cambio fija incentivaba el endeudamiento externo y llevaba a una exposición excesiva al riesgo de intercambio extranjero tanto en el sector financiero como en el corporativo.
Además, dos factores empezaron a cambiar el entorno económico. Cuando la economía de los Estados Unidos se recuperó de la recesión de inicios de los 90, el Sistema de Reserva Federal a cargo de Alan Greenspan empezó a incrementar las tasas de interés para cortar la inflación. Esto hizo a los Estados Unidos, un destino de inversión más atractivo respecto al Sureste Asiático que había atraído corrientes de "dinero caliente" a través de tasas de interés altas a corto plazo, y aumentó el valor del dólar estadounidense, al cual estaban fijadas muchas monedas del Sureste asiático, con lo que sus exportaciones se hicieron menos competitivas.
domingo, 10 de junio de 2018
Historia completa
Si vas a contar la historia @LANACION que sea la historia completa pic.twitter.com/lzj8wrLDBO— Angie (@AngieDeLaGuarda) 10 de junio de 2018
jueves, 5 de abril de 2018
Primera Guerra Servil
La primera guerra servil (135 a. C.-132 a. C.) comenzó con el levantamiento de los esclavos de Sicilia contra los romanos.
Eunoo, que afirmaba ser un profeta, y Cleón, alzado como general de los sublevados, fueron sus líderes. Se produjeron batallas menores con resultado victorioso para los rebeldes, habiendo tomado la ciudad de Enna, en el centro de la isla.
El levantamiento de los esclavos se debió sobre todo a los cambios de propiedad subsiguientes a la expulsión de los cartagineses de la isla durante la segunda guerra púnica.
Como estas cosas no empiezan por abstracciones como la libertad o la justicia el origen hay que rastrearlo en que los especuladores italianos se apresuraron a llegar a la isla y compraron grandes lotes de tierra que fueron incautadas por Roma (es decir por el estado) tras la huida o ejecución de sus antiguos amos.
Como vemos, el ejercito estatal consiguiendo territorios y luego cediéndolo a precio vil a grandes terratenientes no es un invento de la generación del 80 argentina.
La cosa es que que tierra barata y esclavos baratos produjeron que los "inversores" se hicieran ricos, riquisimos.
Sicilia era una zona donde había un flujo de grano seguro, con excedentes para exportar a Italia, que sufría los estragos de la guerra.
Por ello Sicilia se llenó de esclavos, que eran empleados en cultivar grano para los grandes propietarios, sicilianos o italianos, pero sometidos a condiciones extremas de vida tenían que subsistir en base al robo de los cultivos para asegurar su propio sustento.
Tras setenta u ochenta años de dominio romano, los esclavos se rebelaron por primera vez.
El líder de los esclavos era el sirio Eunoo y se había dedicado a ser profeta y mago entre los esclavos. Gracias a estas profecías Eunoo alcanzó la jefatura de las tropas cuando estalló la rebelión.
Según algunos historiadores, Eunoo era un hombre más astuto que capaz, aunque los únicos que escribieron sobre él fueron sus enemigos.
Las victorias que obtuvo frente a los romanos fueron mérito de su lugarteniente, un cilicio llamado Cleón. La capacidad militar de Cleón, sin embargo, debió ser limitada y sólo algo mejor que la de sus soldados-esclavos.
Cleón cayó en batalla y Eunoo fue capturado, pero murió antes de ser ajusticiado. La guerra duró de 135 a. C. a 132 a. C. y fue la primera de las tres rebeliones de esclavos que asolaron a la República Romana.
Eunoo, que afirmaba ser un profeta, y Cleón, alzado como general de los sublevados, fueron sus líderes. Se produjeron batallas menores con resultado victorioso para los rebeldes, habiendo tomado la ciudad de Enna, en el centro de la isla.
El levantamiento de los esclavos se debió sobre todo a los cambios de propiedad subsiguientes a la expulsión de los cartagineses de la isla durante la segunda guerra púnica.
Como estas cosas no empiezan por abstracciones como la libertad o la justicia el origen hay que rastrearlo en que los especuladores italianos se apresuraron a llegar a la isla y compraron grandes lotes de tierra que fueron incautadas por Roma (es decir por el estado) tras la huida o ejecución de sus antiguos amos.
Como vemos, el ejercito estatal consiguiendo territorios y luego cediéndolo a precio vil a grandes terratenientes no es un invento de la generación del 80 argentina.
La cosa es que que tierra barata y esclavos baratos produjeron que los "inversores" se hicieran ricos, riquisimos.
Sicilia era una zona donde había un flujo de grano seguro, con excedentes para exportar a Italia, que sufría los estragos de la guerra.
Por ello Sicilia se llenó de esclavos, que eran empleados en cultivar grano para los grandes propietarios, sicilianos o italianos, pero sometidos a condiciones extremas de vida tenían que subsistir en base al robo de los cultivos para asegurar su propio sustento.
Tras setenta u ochenta años de dominio romano, los esclavos se rebelaron por primera vez.
El líder de los esclavos era el sirio Eunoo y se había dedicado a ser profeta y mago entre los esclavos. Gracias a estas profecías Eunoo alcanzó la jefatura de las tropas cuando estalló la rebelión.
Según algunos historiadores, Eunoo era un hombre más astuto que capaz, aunque los únicos que escribieron sobre él fueron sus enemigos.
Las victorias que obtuvo frente a los romanos fueron mérito de su lugarteniente, un cilicio llamado Cleón. La capacidad militar de Cleón, sin embargo, debió ser limitada y sólo algo mejor que la de sus soldados-esclavos.
Cleón cayó en batalla y Eunoo fue capturado, pero murió antes de ser ajusticiado. La guerra duró de 135 a. C. a 132 a. C. y fue la primera de las tres rebeliones de esclavos que asolaron a la República Romana.
sábado, 27 de enero de 2018
Buenos Aires Año Treinta
Frecuentemente los gorilas nos quieren hacer retroceder a las épocas felices del pre-peronismo. ¿Que es lo que añoran? Esto que relata Jorge Abelardo Ramos:
"Con la Década Infame, el país ingresa en los tiempos modernos. La orgullosa Argentina descubre el siglo XX con la crisis del treinta. Flota en Puerto Nuevo un tenebroso mundo de náufragos que no provienen del río, sino de la ciudad hambrienta.
Los ex hombres levantan sus ranchos de lata en Villa Desocupación.
Discépolo, poeta del asfalto, escribe sus tangos, penetrados de amargura siniestra. ¡Un canto a la desesperanza, un himno al fracaso! En todos los labios se repiten los versos estremecedores de Yira, Yira: es la Biblia del "rate" en la monstruosa ciudad de cemento.
Hacen su aparición la "voiturette", el bar automático y el biógrafo sonoro. "Cuando rajés los tamangos buscando ese mango que te haga morfar, te acordarás de este otario que un día cansado se puso a ladrar".
En la Buenos Aires orgullosa cantada un día remoto por Darío y Lugones, rezongaban ahora bardos harapientos.
El peso es un peso "fuerte", sólido, respetable, exclusivo. Otra canción de la crisis lo busca: "¿dónde hay un mango viejo Gómez? los han limpiado con piedra pómez". La moneda era sana, pero los hombres estaban enfermos.
El ejército rechaza a miles de jóvenes inaptos. La tuberculosis hace estragos. La palabra neumotórax es una palabra del año 30.
Los maestros sin empleo, los analfabetos con el estómago vacío y los maestros que no cobraban sus sueldos son los fenómenos corrientes en la década.
La pequeña burguesía se degrada: se forma una subclase de desocupados.
El dolo se combina con la picaresca para sobrevivir. Buenos Aires se puebla de buscavidas y de oficios inverosímiles.
Porteños y provincianos hundidos en la desdicha se hacen buscones. El amigo del jockey, que persigue la quimera de un "dato" preciso para el domingo; el atorrante divagador y filosófico que bebe café a crédito; el abogado que busca un empleo público; el organizador de banquetes o de rifas inexistentes, el falso influyente, el gestor de empleos, que es cesante, el cesante yrigoyenista de 1930 que hace de su desgracia una carrera y sólo acaricia durante años la esperanza de reingresar al empleo público, el desesperado que corteja a la dueña de la pensión, el escuálido poeta que vive cada quince días, por turno, en casa de algún amigo, el protector de leprosos, que vende rifas sin número, el antiguo proxeneta, herido como un rayo por la ley de profilaxis y que ahora alquila departamentos por hora para el amor fugaz; el empleado embargado y concursado, el ave negra sin pleitos que espera el asunto salvador en el bar Tokio, frente a Tribunales, el rematador sin remates, el naturista transformado en curandero y yuyero, el grafólogo que adivina el carácter, el astrólogo que descifra el porvenir, el falso médico que adquiere su título por 300 pesos en la frontera de Bolivia, el nihilista y el iluminado, el espiritista y el marinero en tierra, el comerciante quebrado y el conspirador radical que sueña con el regreso.
¡Buenos Aires! La pequeña burguesía tirita bajo el vendaval. En la Chacarita de los automóviles se acumulan todos los modelos y junto a ellos, calaveras y gigolós se hunden en la bancarrota.
En 1935 se empeñan en el Banco Municipal de Préstamos 10.340 máquinas de coser y las grandes familias venden sus palacios: la quinta Unzué, el Palacio Paz, el Palacio Pereda, el Palacio Ortiz Basualdo, la casa de Del Solar Borrego. Se acuña el vocablo "manguero".
El mate había sido una necesidad en los viejos tiempos de la pampa libre; luego fue un vicio amable en las conversaciones lentas. En 1930 es de rigor como alimento casi exclusivo, el bizcocho con grasa.
Reina el bar automático. Con una moneda, bajaba del tubo sucio de vidrio un sándwich indiscernible. Era el templo gastronómico para los "gourmets" de la crisis; revestido de azulejos, como el hospital o la morgue, en el local pululaban actores sin trabajo, borrachos disertantes, estudiantes crónicos, vagos sin origen ni destino, empleadillos, mujercitas sin clientes; humedad, sofocación, un vaho de grasa y tristeza.
Con el habano en los labios, rechoncho y cínico, con un busto metálico de Gorki en su despacho un rápido gatillo, Natalio Botana hacía de "Crítica" el órgano cotidiano del crimen y el escándalo. El dibujante Rojas diseñaba minuciosamente cada noche los grandes charcos de sangre y los miembros amputados de la descuartizada de Juan Bonini. La literatura para porteras nutría a la urbe.
Una gran página del diario amarillo, hormigueaba de avisos de manicuras; manicuras polacas, francesas, italianas se ofrecían. Eran especialistas recién llegadas. Un éxtasis a precios módicos: dos pesos, tres pesos, cinco pesos.
La crisis arrojaba a la calle a las mantenidas de la gente bien; trotadoras o pupilas de las casas de lenocinio competían con la remonta París-Buenos Aires. Pero el senador Serrey, legislador fraudulento por Salta proyectará la Ley de Profilaxis Social; la prostitución se hará clandestina.
Por solo 20 centavos los jóvenes leían los folletos de educación sexual de "Claridad", con su museo de horrores. La sífilis y la blenorragia se expanden triunfalmente. El doctor Fernández Verano, con su Liga de Higiene Social, proyecta películas sobre enfermedades venéreas. Muchos asistentes se desmayan en la función al comprender su inmediato porvenir.
En Mendoza millones de hectolitros de vino desbordan alegremente las acequias y el trigo se acumulaba en los silos mientras el país entero se doblaba de hambre.
De Tucumán, Santiago del Estero o Corrientes bajaban a la Capital las jóvenes vestidas de negro, macilentas y tristes, de alpargatas y monedero vacío, a conchabarse en las familias de la alta o baja pequeño burguesía, por $ 20 ó 30 mensuales, "con comida y cama adentro". El zoológico será su fiesta, los conscriptos de Plaza Italia, el amor furtivo en la inmensa ciudad hostil.
Las drogas circulaban por la calle Corrientes, la angosta, la ruin.
En las noches de hastío, un nuevo pistolero que la policía evita, el gallego Julio, pasea con edecanes por la vereda luminosa buscando delatores.
Salones con espejo y tiro al blanco, cesantes radicales en el café Marzotto, o burreros irremediables hundidos en una silla del Nacional, con los ojos hipnóticos clavados en la victrolera desdentada, sueñan con la pasión.
Cuenteros del tío y usureros dialogan en las mesas de mármol lívido de "La Cosechera". En las madrugadas, los desocupados rodean a los canillitas que venden "La Prensa". Los "ofrecidos" son muchos más que los "pedidos".
Los desocupados con bicicleta llegan antes que los otros a la oficina o a la fábrica. No hay vacantes de todos modos.
En el conventillo de cinco patios, con las macetas de malvones en latas de Ibarra, se hierve al infinito la yerba y un solo ejemplar del diario arrugado circula por toda la población de la casa.
La Singer jadea en el fondo. La pantalonera trabaja por pieza. Ignora a Carriego, pero sabe que el confeccionista al por mayor cuenta siempre mal las piezas".
"Con la Década Infame, el país ingresa en los tiempos modernos. La orgullosa Argentina descubre el siglo XX con la crisis del treinta. Flota en Puerto Nuevo un tenebroso mundo de náufragos que no provienen del río, sino de la ciudad hambrienta.
Los ex hombres levantan sus ranchos de lata en Villa Desocupación.
Discépolo, poeta del asfalto, escribe sus tangos, penetrados de amargura siniestra. ¡Un canto a la desesperanza, un himno al fracaso! En todos los labios se repiten los versos estremecedores de Yira, Yira: es la Biblia del "rate" en la monstruosa ciudad de cemento.
Hacen su aparición la "voiturette", el bar automático y el biógrafo sonoro. "Cuando rajés los tamangos buscando ese mango que te haga morfar, te acordarás de este otario que un día cansado se puso a ladrar".
En la Buenos Aires orgullosa cantada un día remoto por Darío y Lugones, rezongaban ahora bardos harapientos.
El peso es un peso "fuerte", sólido, respetable, exclusivo. Otra canción de la crisis lo busca: "¿dónde hay un mango viejo Gómez? los han limpiado con piedra pómez". La moneda era sana, pero los hombres estaban enfermos.
El ejército rechaza a miles de jóvenes inaptos. La tuberculosis hace estragos. La palabra neumotórax es una palabra del año 30.
Los maestros sin empleo, los analfabetos con el estómago vacío y los maestros que no cobraban sus sueldos son los fenómenos corrientes en la década.
La pequeña burguesía se degrada: se forma una subclase de desocupados.
El dolo se combina con la picaresca para sobrevivir. Buenos Aires se puebla de buscavidas y de oficios inverosímiles.
Porteños y provincianos hundidos en la desdicha se hacen buscones. El amigo del jockey, que persigue la quimera de un "dato" preciso para el domingo; el atorrante divagador y filosófico que bebe café a crédito; el abogado que busca un empleo público; el organizador de banquetes o de rifas inexistentes, el falso influyente, el gestor de empleos, que es cesante, el cesante yrigoyenista de 1930 que hace de su desgracia una carrera y sólo acaricia durante años la esperanza de reingresar al empleo público, el desesperado que corteja a la dueña de la pensión, el escuálido poeta que vive cada quince días, por turno, en casa de algún amigo, el protector de leprosos, que vende rifas sin número, el antiguo proxeneta, herido como un rayo por la ley de profilaxis y que ahora alquila departamentos por hora para el amor fugaz; el empleado embargado y concursado, el ave negra sin pleitos que espera el asunto salvador en el bar Tokio, frente a Tribunales, el rematador sin remates, el naturista transformado en curandero y yuyero, el grafólogo que adivina el carácter, el astrólogo que descifra el porvenir, el falso médico que adquiere su título por 300 pesos en la frontera de Bolivia, el nihilista y el iluminado, el espiritista y el marinero en tierra, el comerciante quebrado y el conspirador radical que sueña con el regreso.
¡Buenos Aires! La pequeña burguesía tirita bajo el vendaval. En la Chacarita de los automóviles se acumulan todos los modelos y junto a ellos, calaveras y gigolós se hunden en la bancarrota.
En 1935 se empeñan en el Banco Municipal de Préstamos 10.340 máquinas de coser y las grandes familias venden sus palacios: la quinta Unzué, el Palacio Paz, el Palacio Pereda, el Palacio Ortiz Basualdo, la casa de Del Solar Borrego. Se acuña el vocablo "manguero".
El mate había sido una necesidad en los viejos tiempos de la pampa libre; luego fue un vicio amable en las conversaciones lentas. En 1930 es de rigor como alimento casi exclusivo, el bizcocho con grasa.
Reina el bar automático. Con una moneda, bajaba del tubo sucio de vidrio un sándwich indiscernible. Era el templo gastronómico para los "gourmets" de la crisis; revestido de azulejos, como el hospital o la morgue, en el local pululaban actores sin trabajo, borrachos disertantes, estudiantes crónicos, vagos sin origen ni destino, empleadillos, mujercitas sin clientes; humedad, sofocación, un vaho de grasa y tristeza.
Con el habano en los labios, rechoncho y cínico, con un busto metálico de Gorki en su despacho un rápido gatillo, Natalio Botana hacía de "Crítica" el órgano cotidiano del crimen y el escándalo. El dibujante Rojas diseñaba minuciosamente cada noche los grandes charcos de sangre y los miembros amputados de la descuartizada de Juan Bonini. La literatura para porteras nutría a la urbe.
Una gran página del diario amarillo, hormigueaba de avisos de manicuras; manicuras polacas, francesas, italianas se ofrecían. Eran especialistas recién llegadas. Un éxtasis a precios módicos: dos pesos, tres pesos, cinco pesos.
La crisis arrojaba a la calle a las mantenidas de la gente bien; trotadoras o pupilas de las casas de lenocinio competían con la remonta París-Buenos Aires. Pero el senador Serrey, legislador fraudulento por Salta proyectará la Ley de Profilaxis Social; la prostitución se hará clandestina.
Por solo 20 centavos los jóvenes leían los folletos de educación sexual de "Claridad", con su museo de horrores. La sífilis y la blenorragia se expanden triunfalmente. El doctor Fernández Verano, con su Liga de Higiene Social, proyecta películas sobre enfermedades venéreas. Muchos asistentes se desmayan en la función al comprender su inmediato porvenir.
En Mendoza millones de hectolitros de vino desbordan alegremente las acequias y el trigo se acumulaba en los silos mientras el país entero se doblaba de hambre.
De Tucumán, Santiago del Estero o Corrientes bajaban a la Capital las jóvenes vestidas de negro, macilentas y tristes, de alpargatas y monedero vacío, a conchabarse en las familias de la alta o baja pequeño burguesía, por $ 20 ó 30 mensuales, "con comida y cama adentro". El zoológico será su fiesta, los conscriptos de Plaza Italia, el amor furtivo en la inmensa ciudad hostil.
Las drogas circulaban por la calle Corrientes, la angosta, la ruin.
En las noches de hastío, un nuevo pistolero que la policía evita, el gallego Julio, pasea con edecanes por la vereda luminosa buscando delatores.
Salones con espejo y tiro al blanco, cesantes radicales en el café Marzotto, o burreros irremediables hundidos en una silla del Nacional, con los ojos hipnóticos clavados en la victrolera desdentada, sueñan con la pasión.
Cuenteros del tío y usureros dialogan en las mesas de mármol lívido de "La Cosechera". En las madrugadas, los desocupados rodean a los canillitas que venden "La Prensa". Los "ofrecidos" son muchos más que los "pedidos".
Los desocupados con bicicleta llegan antes que los otros a la oficina o a la fábrica. No hay vacantes de todos modos.
En el conventillo de cinco patios, con las macetas de malvones en latas de Ibarra, se hierve al infinito la yerba y un solo ejemplar del diario arrugado circula por toda la población de la casa.
La Singer jadea en el fondo. La pantalonera trabaja por pieza. Ignora a Carriego, pero sabe que el confeccionista al por mayor cuenta siempre mal las piezas".
lunes, 11 de diciembre de 2017
Noche y niebla
Las "Directivas para la persecución de las infracciones cometidas contra el Reich o las Fuerzas de Ocupación en los Territorios Ocupados" se tituló un decreto firmado el 7 de diciembre de 1941 y desarrollado por una serie de directrices aplicadas por las autoridades del Tercer Reich para la represión y eliminación física de oponentes políticos al régimen nazi en los territorios ocupados, así como de combatientes enemigos miembros de la Resistencia y de prisioneros de guerra de las Fuerzas Aliadas durante la Segunda Guerra Mundial.
Estas directivas son conocidas por el nombre eufemístico de "Decreto Noche y Niebla" o "Decreto Nacht und Nebel" o también "Decreto NN", en referencia a su particular operativa y en la aplicación de prácticas de desaparición forzada de personas, incluyendo el asesinato de prisioneros de guerra cuyos derechos estaban protegidos entonces por la Convención de Ginebra.
El Tribunal Internacional Militar de Núremberg declaró el decreto Nacht und Nebel un acto de crimen de guerra y condenó expresamente al mariscal de la Wehrmacht, firmante del mismo, Wilhelm Keitel. Varios jueces, fiscales y otros altos funcionarios alemanes del sistema de justicia del Reich fueron juzgados por el Tribunal Militar de los Estados Unidos en el proceso de Núremberg conocido como Juicio de los Jueces, acusados principalmente por su conexión con el plan Nacht und Nebel.
El decreto Nacht und Nebel es considerado uno de los precedentes históricos de los crímenes de desaparición forzada perpetrados por diversos regímenes políticos de la segunda mitad del siglo XX en materia de violación de los derechos humanos.
Estas directivas son conocidas por el nombre eufemístico de "Decreto Noche y Niebla" o "Decreto Nacht und Nebel" o también "Decreto NN", en referencia a su particular operativa y en la aplicación de prácticas de desaparición forzada de personas, incluyendo el asesinato de prisioneros de guerra cuyos derechos estaban protegidos entonces por la Convención de Ginebra.
El Tribunal Internacional Militar de Núremberg declaró el decreto Nacht und Nebel un acto de crimen de guerra y condenó expresamente al mariscal de la Wehrmacht, firmante del mismo, Wilhelm Keitel. Varios jueces, fiscales y otros altos funcionarios alemanes del sistema de justicia del Reich fueron juzgados por el Tribunal Militar de los Estados Unidos en el proceso de Núremberg conocido como Juicio de los Jueces, acusados principalmente por su conexión con el plan Nacht und Nebel.
El decreto Nacht und Nebel es considerado uno de los precedentes históricos de los crímenes de desaparición forzada perpetrados por diversos regímenes políticos de la segunda mitad del siglo XX en materia de violación de los derechos humanos.
lunes, 9 de octubre de 2017
Insurrectos
"Pero, pese a todo, yo creo como usted, que el sacrificio del Comandante "Che Guevara" no ha sido en vano: su figura legendaria ya ha llegado con su ejemplo a todos los rincones del mundo y muchos anhelarán emularlo. Es que esta clase de sacrificios no sólo valen por lo que hacen, sino también por el ejemplo que dejan para los demás.
Hasta su muerte, por la forma miserable en que se ha producido, ha tenido la virtud de mostrar claramente con la clase de bárbaros que ha tenido que vérselas.
Yo soy de los que piensan que, así como no nace el hombre que escape a su destino, no debiera nacer el que no tenga una causa para servir, que justifique su pasaje por la vida.
Guevara ha sido el hombre de una causa y eso es suficiente para colocarlo en la Historia con valores propios e imborrables.
Por otra parte, combatir con éxito o sin él contra el imperialismo, ha sido en todos los tiempos un sello de honor para los hombres libres y eso nadie lo podrá borrar del epitafio que Guevara tiene sobre su tumba incierta en el espacio, pero tremendamente verdadera en el tiempo."
Hasta su muerte, por la forma miserable en que se ha producido, ha tenido la virtud de mostrar claramente con la clase de bárbaros que ha tenido que vérselas.
Yo soy de los que piensan que, así como no nace el hombre que escape a su destino, no debiera nacer el que no tenga una causa para servir, que justifique su pasaje por la vida.
Guevara ha sido el hombre de una causa y eso es suficiente para colocarlo en la Historia con valores propios e imborrables.
Por otra parte, combatir con éxito o sin él contra el imperialismo, ha sido en todos los tiempos un sello de honor para los hombres libres y eso nadie lo podrá borrar del epitafio que Guevara tiene sobre su tumba incierta en el espacio, pero tremendamente verdadera en el tiempo."
J.D.P.
martes, 14 de febrero de 2017
domingo, 25 de diciembre de 2016
Navidades navidades
Un examen a los precios de diciembre de 1990 cuando el dolar costaba 5.400 australes (¿Alguien recuerda que era?).
Las comparaciones corren por su cuenta pero no se olviden que en enero de 1991 el dolar terminó a 10.000 australes por unidad.
Las comparaciones corren por su cuenta pero no se olviden que en enero de 1991 el dolar terminó a 10.000 australes por unidad.
sábado, 26 de noviembre de 2016
La historia lo absolverá
Cuando los estudiantes del año 3000 abran sus libros de historia en las páginas del siglo veinte leerán quizá: URSS, Stalin; Yugoslavia, Tito; Gran Bretaña, Churchill; Francia De Gaulle; China, Mao. Preguntarán entonces: "¿Eran los nombres de las capitales?". Se les contestará "no, eran los nombres de los dioses de ese siglo".
Y los niños de las escuelas del futuro sacudirán la cabeza pensando qué difícil sería para los hombres vivir en un tiempo en el que los dioses habitaban entre ellos”.
Bernard Chapuis en Le Monde sobre la muerte de Mao Tse Tung.
lunes, 12 de septiembre de 2016
domingo, 31 de julio de 2016
¿Imperdonable?
Dice Cristina: "Nosotros tal vez no advertimos que se estaba produciendo una reacción de los sectores ultraconcentrados porque estábamos trabajando en construir cada vez más derechos", y remarcó que "como autocrítica debemos decir que fuimos ingenuos porque tampoco advertimos la magnitud del avance popular que logramos en doce años", remarcó.
En otra parte de su discurso, planteó la falta de una reforma constitucional. "Nos faltó un diseño constitucional que permitiera dar mayor certeza y seguridad a las conquistas. Pensamos que con las leyes era suficiente", se lamentó.
En referencia a la situación del tarifazo, aseguró que hay empresas petroleras en Chubut que están enviando telegramas de suspensión a los trabajadores y criticó la baja en la inversión de YPF. "Hay escasez energéticas y reducís la inversión en la energía fósil. Están creando una futura crisis en YPF para luego venderla y sabotearla", aseguró.
Haciendo referencia a las medidas del Ejecutivo, y en un discurso en un balcón dirigiéndose a la militancia, CFK señaló: "Que nos nos convenzan que para vivir bien hay que sufrir. Para ser felices tenemos que vivir bien y tenemos que tener gobiernos que nos hagan vivir bien. siempre nos hablan del sacrificio del pueblo, pero nunca del sacrificio de ellos".
En otra parte de su discurso, planteó la falta de una reforma constitucional. "Nos faltó un diseño constitucional que permitiera dar mayor certeza y seguridad a las conquistas. Pensamos que con las leyes era suficiente", se lamentó.
En referencia a la situación del tarifazo, aseguró que hay empresas petroleras en Chubut que están enviando telegramas de suspensión a los trabajadores y criticó la baja en la inversión de YPF. "Hay escasez energéticas y reducís la inversión en la energía fósil. Están creando una futura crisis en YPF para luego venderla y sabotearla", aseguró.
Haciendo referencia a las medidas del Ejecutivo, y en un discurso en un balcón dirigiéndose a la militancia, CFK señaló: "Que nos nos convenzan que para vivir bien hay que sufrir. Para ser felices tenemos que vivir bien y tenemos que tener gobiernos que nos hagan vivir bien. siempre nos hablan del sacrificio del pueblo, pero nunca del sacrificio de ellos".
viernes, 20 de mayo de 2016
Aquellos tarifazos...
Revelador informe de Canal 13... de 2014. Que bien estábamos cuando estábamos mal.
lunes, 2 de mayo de 2016
Una historia
Curiosa historia la de este barco que nació en EE.UU. con el nombre de "USS Phoenix" en 1938, estuvo en Pearl Harbour y participó de toda la campaña en el Pacifico en la Segunda Guerra Mundial sufriendo averías y anotando bajas.
Ya reparado, Peron lo compró en 1951 por 7 millones y medio de dolares y lo incorporó a la Armada Argentina con el nombre "ARA 17 de octubre", convirtiéndose en buque insignia de la marina golpista en 1955. Los poderosos cañones del buque fueron apuntados a la refinería de la ciudad de La Plata amenazando con volarla si Peron no renunciaba.
Fue rebautizado como "ARA General Belgrano" después del golpe de 1955.
El 2 de mayo de 1982 en el marco de la Guerra de las Malvinas se convirtió en el único (hasta ahora) buque de guerra hundido por un submarino nuclear.
miércoles, 23 de marzo de 2016
Yo que crecí con Videla
Adelanto de la nueva edición del libro de Maria Seoane y Vicente Muleiro "El dictador": "Sentado sobre el inodoro de su celda fría y oscura en el módulo IV del pabellón 6 del penal de Marcos Paz dedicado a los condenados por delitos de lesa humanidad, al genocida Jorge Rafael Videla lo alcanzó la diarrea de la muerte a las 6.40 del viernes 17 de mayo de 2013.
Como si fuera posible definir con precisión en su último suspiro la contracara de la tragedia que propinó a sus compatriotas, el ex general impulsor y protector de la más vasta matanza de argentinos en toda la historia —ejecutada por el Estado terrorista que montó en 1976 en alianza con el hijo dilecto de la gran burguesía agroexportadora José Alfredo Martínez de Hoz—, se despidió del mundo con una diana fecal en soledad. Videla, ese hombre ya escuálido, había concentrado las tendencias ideológicas y los procedimientos represivos más terribles del país que tiranizó por asalto y por sombría y carnicera delegación de los poderes fácticos: el derrengado patriciado agroganadero, la avaricia financiera del gran capital bancario nacio nal y extranjero, el alto y enano empresariado criollo, el beneplácito de la embajada de los Estados Unidos, la cúpula del clero católico que le había entregado una conexión directa con su dios iracundo para que matara sin consulta y sin culpa.
El final de Videla fue el de un peón. El del patrón Martínez de Hoz, condenado también, había ocurrido en su cama mullida y cálida en el elegante Edificio Kavanagh, apenas dos meses antes de aquel 17 de mayo de 2013, cuando los guardianes del penal de Marcos Paz lo encontraron. Habían realizado su recorrida habitual de cada mañana. A las ocho, uno de ellos entró a la celda de Videla y reportó que no había novedades. Quince minutos después, volvió a recorrer el lugar. Pero el reo ya no respondía al llamado. El guardián llamó con urgencia a un médico, quien luego de realizarle un electrocardiograma, confirmó su muerte. Un día antes lo habían revisado para controlar las dolencias que tenía: hipercolesterolemia, hipertensión, arritmia y cáncer de próstata, entre otras. Lo cierto es que a los 87 años, Videla murió en esa cárcel común, condenado por crímenes de lesa humanidad, preso en un penal donde jamás dejaba de asistir a las misas que oficiaba el cura condenado Christian von Wernich, que había sabido unir la espada y la cruz inquisitorial para bendecir las picanas contra el cuerpo de los detenidos, entre ellos embarazadas y adolescentes, en las catacumbas del régimen videlista. Para entonces, el dictador tenía tres condenas a cuestas, pero solo una estaba firme, y se encontraba aún procesado en otras nueve causas. La historia de sus juicios recorrió el tormentoso camino de la dialéctica entre política e impunidad. El irrefrenable camino de la memoria, la verdad y la justicia había atravesado tres décadas entre condenas, indultos y leyes del perdón.
La consigna “ni olvido ni perdón” instalada por la enorme lucha de los organismos humanitarios se había revelado no como una consigna transitoria ni una obsesión de venganza. ¿Cómo podría ser transitoria una tragedia? ¿Cómo podía ser venganza pedir justicia? Luego de la hecatombe dictatorial, la condición de la reconstrucción material de nuestro país debía ajustar cuentas con los planes, las ideas, los actos de quienes lo habían atormentado hasta desaparecer ciudadanos, robar sus bebés, encarcelarlos, torturarlos y asesinarlos. Supimos a lo largo de los años —como sostuvimos en la primera edición de este libro— que esos crímenes los habían realizado no por una presunta guerra santa contra el comunismo sino para modificar la estructura productiva y distributiva de la Argentina, es decir, lograr el reformateo de su matriz de distribución del ingreso: lograr una brutal transferencia de riqueza de los trabajadores a los más ricos. Ese fue el sentido primero y último de la matanza que encaró la dupla Videla-Martínez de Hoz.
En 2001, mientras miles de argentinos desocupados, desesperados, revolvían la basura para comer; mientras la política se sumergía en la mayor impotencia de la historia democrática, los responsables militares y civiles de haber llevado al país a su disolución gozaban del perdón oficial, de la impunidad de sus crímenes como continuación de aquel estado terrorista causal del abismo. La lucha del movimiento de derechos humanos, de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, de familiares de presos y desaparecidos, no se había detenido nunca. Era la política con sus vaivenes de miseria; era el menemato con su terrible continuidad neoliberal; era la persistencia en el error aliancista de esas políticas infaustas el dique que impedía el salto al futuro, el dique que impedía que el río de la historia encontrara el cauce que posibilitara que la inundación de miseria y pasado no nos ahogara. Porque precisamente a partir del bienio 2001-2003 quedó estampada de manera indeleble la convicción de que la reconstrucción del país no podría sostenerse sobre pactos espurios de impunidad ni el saqueo sistemático del Estado. Nació así la década gobernada por Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. La de la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, de los indultos y del imprescriptible crimen del robo de bebés. Y la posibilidad de avanzar sobre la definición de que aquel golpe de Estado de 1976 había ocurrido sobre el trípode militar-civil-eclesiástico para sostener la ciudadela del terror. Entonces ocurrió que a pesar de ser condenado a perpetua en 1985 e indultado en 1990, vuelto a detener en 1998 por el robo de bebés, el único delito que quedó fuera de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, Videla perdió el derecho a la prisión domiciliaria y fue llevado a Campo de Mayo hasta la primera mitad de 2012, cuando fue definitivamente trasladado al penal de Marcos Paz. En julio de 2012, el Tribunal Oral Federal Nº 6 porteño, presidido por la jueza María del Carmen Roqueta, lo había condenado a 50 años de prisión por el plan sistemático de robo de bebés. El tribunal dijo que “esos niños nacieron, que los vieron, que los escucharon, que estuvieron con la madre, que se los sacaron enseguida, o sea el niño nació vivo y el niño está”.
En el juicio Videla integró a los niños a lógica de la “guerra”: “Muchas parturientas usaron a sus hijos embrionarios como escudos humanos al ser combatientes”. Al momento de su muerte, Videla era juzgado por los crímenes del Plan Cóndor, o plan de coordinación represiva de los países del Cono Sur. Y hasta su muerte incubó impunidad. El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) lo explicó así: “De los 106 casos que comprenden esta causa, 44 no podrán ser juzgados por ser Videla el único imputado”. Entre esos casos, estaban los de Brasil y unas diez víctimas de Bolivia y de Perú. Entre las causas elevadas a juicio estaba la llamada “causa Videla”: reunía más de 550 víctimas del I Cuerpo del Ejército. Otros juicios que quedaron pendientes fueron: el del Operativo Independencia, en Tucumán; y la causa por el asesinato del obispo Enrique Angelelli, en La Rioja. El nombre de Videla se repetía entre los procesados de una veintena de causas que se extienden desde Comodoro Rivadavia hasta Bahía Blanca, Mendoza, Rosario, Santiago del Estero, Córdoba, Tucumán y La Rioja. Todo el cuerpo torturado de un país durante el tiempo en el que gobernó.
En los últimos años de su vida Videla brindó algunas entrevistas, siempre preocupado por dejar una palabra que subvierta la historia: es decir, ver venganza en donde existió justicia. Dos de ellas se publicaron en la revista española Cambio 16, en febrero de 2012 y en marzo de 2013. Luego, aceptó que el periodista Ceferino Reato lo entrevistara en la cárcel durante 2011 y 2012. Los encuentros quedaron plasmados en el libro Disposición final, un eufemismo que los dictadores copiaron a los nazis para definir el régimen de desapariciones y asesinatos masivos de miles de argentinos. En esos reportajes, Videla repitió lo que ya había dicho en las entrevistas para este libro un lustro antes, en 1998. Admitió que había mandado asesinar a “7.000 u 8.000” personas; hizo corresponsable del golpe de Estado de 1976 a la dirigencia política y a la sociedad que lo padeció; elogió el silencio de la Iglesia argentina: “que fue prudente” porque “dijo lo que le correspondía decir sin que nos creara a nosotros problemas inesperados”. Manifestó su odio al gobierno de Néstor y Cristina Kirchner como el modelo político —al que apostrofó como marxista— por aplicar con rigor judicial el fin de la impunidad: “Aquí no hay justicia, sino venganza”, dijo. Y llamó, entonces, a una nueva gesta golpista: “(…) Quiero recordarle a cada uno de ellos, principalmente a los más jóvenes, que hoy promedian las edades de 58 a 68 años, que aún están en aptitud física de combatir, que en caso de continuar sosteniéndose este injusto encarcelamiento y denotación de los valores básicos, ameriten el deber de armarse nuevamente en defensa de las instituciones básicas de la República (…)”.
Videla seguía siendo el gran subversivo del orden democrático, tal como lo había hecho por asalto aquel 24 de marzo de 1976. La refutación de la idea del orden militar, de la violencia como dogma sangriento para conquistar impunidad estaba en su cabeza afiebrada por el odio a una justicia en tiempos democráticos que lo había encontrado culpable, sentencia ratificada por la historia, por la calle y por todos los estrados judiciales hasta la Corte Suprema de Justicia. Porque en el juzgamiento de los crímenes del terrorismo de Estado no hubo tribunales ni leyes especiales. No hubo venganza ni ritos salvajes a los que apeló Videla, otra vez, para subvertir el destino.
El periodista Horacio Verbitsky señaló: “Entre 2006 y septiembre de 2014, 503 personas fueron condenadas y 42 absueltas. Antes de llegar al debate oral, los jueces resolvieron la falta de mérito de 112 imputados y sobreseyeron a 54. Que el 30 por ciento de los imputados fuera sobreseído, absuelto o se le dictara falta de mérito, prueba la plena vigencia del derecho de defensa. Los responsables de estos delitos son discriminados, pero en su favor. Ni la edad avanzada ni los problemas reales de salud se pasan por alto a la hora de disponer el lugar de arresto o de cumplimiento de la pena. De hecho, uno de cada tres condenados se encuentra bajo el régimen de prisión domiciliaria, cosa que sólo ocurre con enfermos terminales entre quienes han cometido crímenes atroces pero no en el contexto del terrorismo de Estado. Muchos de quienes obtuvieron esa forma atenuada de arresto la violaron gracias a la falta de control o a la connivencia de quienes deben supervisarlos. De los 981 procesados por delitos de lesa humanidad, casi la misma cantidad están en prisión preventiva (467) y en libertad (454), pese a que buena cantidad de los acusados tienen la capacidad y los recursos económicos e institucionales para fugarse o entorpecer la investigación, como los 62 que se mantienen fugitivos, dos de ellos después de la condena. Es decir que el uso de la prisión preventiva no se explica por un ensañamiento con este grupo particular. Por el contrario, en el resto de la población blanco del sistema penal argentino casi no hay procesados por delitos graves en libertad, y entre los detenidos mucho más de la mitad no ha sido condenado”.
Videla fue fiel a sí mismo en su reivindicación y justificación de los crímenes cometidos. Fiel a sí mismo en considerarse un hombre “honesto y prudente”; un cruzado de una guerra santa, como “mensajero de Cristo pero también como soldado de Cristo”. Luego de cuarenta años del inicio de aquella tragedia que comandó, Videla siguió fiel a la muerte impiadosa que infligió. Los argentinos también fueron fieles —con marchas y retrocesos— a la lucha por la memoria, la verdad y la justicia, cuya columna vertebral son los organismos de derechos humanos y la decisión política del Estado expresada por el entonces presidente Kirchner cuando una tarde de marzo de 2003 en la ex ESMA pidió perdón a la sociedad por aquellos crímenes. Los argentinos fueron fieles a la construcción de una legislación nacional e internacional contra los delitos de lesa humanidad; fieles y orgullosos de levantar un monumento civilizatorio para nosotros y la humanidad como los verdaderos cimientos del Nunca Más que una y otra vez nos prometimos como único pacto posible para defender la vida y la libertad. Pero las presiones para el olvido y la impunidad no cejaron nunca. Intentaron asimilar la justicia a la venganza; intentaron equiparar los crímenes del Estado terrorista con la violencia de civiles guerrilleros; intentaron exculpar a quienes propiciaron la desaparición de cientos de obreros por convicción y lucro; intentaron volver la rueda atrás cada vez que la derecha política sumaba cuotas de poder. Nunca cejaron en intentar la impunidad no sólo de sus delitos económicos —vaciamiento de las arcas del Estado, endeudamientos masivos— sino de sus complicidades criminales. En prevención de la ofensiva sostenida por las corporaciones económicas y la resistencia de un sector del poder judicial para detener los juicios a civiles y militares pendientes, el gobierno de Cristina Kirchner promulgó el 31 de julio de 2015 la ley 27.156 sancionada por el Congreso, que prohíbe los indultos, amnistías o conmutación de penas para los delitos de genocidio, de lesa humanidad y crímenes de guerra, en consonancia con la legislación internacional. Una forma rotunda de afirmar que, en esto, siempre, la Argentina no debía estar aislada del mundo. La ley sostiene que “Las penas o procesos penales sobre los delitos de genocidio, de lesa humanidad y crímenes de guerra contemplados en los artículos 6°, 7º y 8° del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional y en los tratados internacionales de derechos humanos con jerarquía constitucional, no pueden ser objeto de amnistía, indulto o conmutación de pena, bajo sanción de nulidad absoluta e insanable del acto que lo disponga”.
Videla murió en mayo de 2013, pero la historia dirá si el huevo de la serpiente que empolló es un fantasma de recurrente vuelo sobre la democracia argentina. Un temor también recurrente, a partir de la irrupción de la restauración conservadora a fines de 2015, no ya por la promesa de violencia sobre los cuerpos, por lo menos inicialmente, sino por la gigantesca violencia simbólica y mediática que la precedió y la sucederá como promesa de su origen expoliador.
Los restos del dictador permanecieron seis días en la morgue judicial, luego fueron entregados a su familia, que recibió tres negativas de cementerio privados y una protesta popular en Mercedes, la ciudad natal de Videla, luego de que se conociera la intención que tenían de enterrarlo en el panteón en el que están sus antepasados. Finalmente recalaron en el Parque Memorial de Pilar. Fue un entierro veloz cubierto por una clandestinidad obligada. Sólo concurrieron su mujer y no más de diez personas de su entorno más cercano. Videla yace en una cripta con otro nombre: el de la familia de Florencio Alberto Olmos, a quien él había ungido mayor del Ejército en 1976. Comparte la muerte oculta con los restos del ex almirante Emilio Eduardo Massera y del ex brigadier Orlando Ramón Agosti; también con los de Martínez de Hoz, jefe económico del Estado terrorista que contó con el privilegio de una lápida con su nombre. La realidad se empeña en simetrías y anacronismos misteriosos. El destino del cadáver de Videla no fue exquisito: como parangón con los cuerpos de los argentinos que desapareció, tuvo una tumba sin su nombre. Rumbo a la nada, el dictador yace oculto de las furias póstumas. Pero el artilugio del perdón jamás lo alcanzará.
Como si fuera posible definir con precisión en su último suspiro la contracara de la tragedia que propinó a sus compatriotas, el ex general impulsor y protector de la más vasta matanza de argentinos en toda la historia —ejecutada por el Estado terrorista que montó en 1976 en alianza con el hijo dilecto de la gran burguesía agroexportadora José Alfredo Martínez de Hoz—, se despidió del mundo con una diana fecal en soledad. Videla, ese hombre ya escuálido, había concentrado las tendencias ideológicas y los procedimientos represivos más terribles del país que tiranizó por asalto y por sombría y carnicera delegación de los poderes fácticos: el derrengado patriciado agroganadero, la avaricia financiera del gran capital bancario nacio nal y extranjero, el alto y enano empresariado criollo, el beneplácito de la embajada de los Estados Unidos, la cúpula del clero católico que le había entregado una conexión directa con su dios iracundo para que matara sin consulta y sin culpa.
El final de Videla fue el de un peón. El del patrón Martínez de Hoz, condenado también, había ocurrido en su cama mullida y cálida en el elegante Edificio Kavanagh, apenas dos meses antes de aquel 17 de mayo de 2013, cuando los guardianes del penal de Marcos Paz lo encontraron. Habían realizado su recorrida habitual de cada mañana. A las ocho, uno de ellos entró a la celda de Videla y reportó que no había novedades. Quince minutos después, volvió a recorrer el lugar. Pero el reo ya no respondía al llamado. El guardián llamó con urgencia a un médico, quien luego de realizarle un electrocardiograma, confirmó su muerte. Un día antes lo habían revisado para controlar las dolencias que tenía: hipercolesterolemia, hipertensión, arritmia y cáncer de próstata, entre otras. Lo cierto es que a los 87 años, Videla murió en esa cárcel común, condenado por crímenes de lesa humanidad, preso en un penal donde jamás dejaba de asistir a las misas que oficiaba el cura condenado Christian von Wernich, que había sabido unir la espada y la cruz inquisitorial para bendecir las picanas contra el cuerpo de los detenidos, entre ellos embarazadas y adolescentes, en las catacumbas del régimen videlista. Para entonces, el dictador tenía tres condenas a cuestas, pero solo una estaba firme, y se encontraba aún procesado en otras nueve causas. La historia de sus juicios recorrió el tormentoso camino de la dialéctica entre política e impunidad. El irrefrenable camino de la memoria, la verdad y la justicia había atravesado tres décadas entre condenas, indultos y leyes del perdón.
La consigna “ni olvido ni perdón” instalada por la enorme lucha de los organismos humanitarios se había revelado no como una consigna transitoria ni una obsesión de venganza. ¿Cómo podría ser transitoria una tragedia? ¿Cómo podía ser venganza pedir justicia? Luego de la hecatombe dictatorial, la condición de la reconstrucción material de nuestro país debía ajustar cuentas con los planes, las ideas, los actos de quienes lo habían atormentado hasta desaparecer ciudadanos, robar sus bebés, encarcelarlos, torturarlos y asesinarlos. Supimos a lo largo de los años —como sostuvimos en la primera edición de este libro— que esos crímenes los habían realizado no por una presunta guerra santa contra el comunismo sino para modificar la estructura productiva y distributiva de la Argentina, es decir, lograr el reformateo de su matriz de distribución del ingreso: lograr una brutal transferencia de riqueza de los trabajadores a los más ricos. Ese fue el sentido primero y último de la matanza que encaró la dupla Videla-Martínez de Hoz.
En 2001, mientras miles de argentinos desocupados, desesperados, revolvían la basura para comer; mientras la política se sumergía en la mayor impotencia de la historia democrática, los responsables militares y civiles de haber llevado al país a su disolución gozaban del perdón oficial, de la impunidad de sus crímenes como continuación de aquel estado terrorista causal del abismo. La lucha del movimiento de derechos humanos, de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, de familiares de presos y desaparecidos, no se había detenido nunca. Era la política con sus vaivenes de miseria; era el menemato con su terrible continuidad neoliberal; era la persistencia en el error aliancista de esas políticas infaustas el dique que impedía el salto al futuro, el dique que impedía que el río de la historia encontrara el cauce que posibilitara que la inundación de miseria y pasado no nos ahogara. Porque precisamente a partir del bienio 2001-2003 quedó estampada de manera indeleble la convicción de que la reconstrucción del país no podría sostenerse sobre pactos espurios de impunidad ni el saqueo sistemático del Estado. Nació así la década gobernada por Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. La de la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, de los indultos y del imprescriptible crimen del robo de bebés. Y la posibilidad de avanzar sobre la definición de que aquel golpe de Estado de 1976 había ocurrido sobre el trípode militar-civil-eclesiástico para sostener la ciudadela del terror. Entonces ocurrió que a pesar de ser condenado a perpetua en 1985 e indultado en 1990, vuelto a detener en 1998 por el robo de bebés, el único delito que quedó fuera de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, Videla perdió el derecho a la prisión domiciliaria y fue llevado a Campo de Mayo hasta la primera mitad de 2012, cuando fue definitivamente trasladado al penal de Marcos Paz. En julio de 2012, el Tribunal Oral Federal Nº 6 porteño, presidido por la jueza María del Carmen Roqueta, lo había condenado a 50 años de prisión por el plan sistemático de robo de bebés. El tribunal dijo que “esos niños nacieron, que los vieron, que los escucharon, que estuvieron con la madre, que se los sacaron enseguida, o sea el niño nació vivo y el niño está”.
En el juicio Videla integró a los niños a lógica de la “guerra”: “Muchas parturientas usaron a sus hijos embrionarios como escudos humanos al ser combatientes”. Al momento de su muerte, Videla era juzgado por los crímenes del Plan Cóndor, o plan de coordinación represiva de los países del Cono Sur. Y hasta su muerte incubó impunidad. El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) lo explicó así: “De los 106 casos que comprenden esta causa, 44 no podrán ser juzgados por ser Videla el único imputado”. Entre esos casos, estaban los de Brasil y unas diez víctimas de Bolivia y de Perú. Entre las causas elevadas a juicio estaba la llamada “causa Videla”: reunía más de 550 víctimas del I Cuerpo del Ejército. Otros juicios que quedaron pendientes fueron: el del Operativo Independencia, en Tucumán; y la causa por el asesinato del obispo Enrique Angelelli, en La Rioja. El nombre de Videla se repetía entre los procesados de una veintena de causas que se extienden desde Comodoro Rivadavia hasta Bahía Blanca, Mendoza, Rosario, Santiago del Estero, Córdoba, Tucumán y La Rioja. Todo el cuerpo torturado de un país durante el tiempo en el que gobernó.
En los últimos años de su vida Videla brindó algunas entrevistas, siempre preocupado por dejar una palabra que subvierta la historia: es decir, ver venganza en donde existió justicia. Dos de ellas se publicaron en la revista española Cambio 16, en febrero de 2012 y en marzo de 2013. Luego, aceptó que el periodista Ceferino Reato lo entrevistara en la cárcel durante 2011 y 2012. Los encuentros quedaron plasmados en el libro Disposición final, un eufemismo que los dictadores copiaron a los nazis para definir el régimen de desapariciones y asesinatos masivos de miles de argentinos. En esos reportajes, Videla repitió lo que ya había dicho en las entrevistas para este libro un lustro antes, en 1998. Admitió que había mandado asesinar a “7.000 u 8.000” personas; hizo corresponsable del golpe de Estado de 1976 a la dirigencia política y a la sociedad que lo padeció; elogió el silencio de la Iglesia argentina: “que fue prudente” porque “dijo lo que le correspondía decir sin que nos creara a nosotros problemas inesperados”. Manifestó su odio al gobierno de Néstor y Cristina Kirchner como el modelo político —al que apostrofó como marxista— por aplicar con rigor judicial el fin de la impunidad: “Aquí no hay justicia, sino venganza”, dijo. Y llamó, entonces, a una nueva gesta golpista: “(…) Quiero recordarle a cada uno de ellos, principalmente a los más jóvenes, que hoy promedian las edades de 58 a 68 años, que aún están en aptitud física de combatir, que en caso de continuar sosteniéndose este injusto encarcelamiento y denotación de los valores básicos, ameriten el deber de armarse nuevamente en defensa de las instituciones básicas de la República (…)”.
Videla seguía siendo el gran subversivo del orden democrático, tal como lo había hecho por asalto aquel 24 de marzo de 1976. La refutación de la idea del orden militar, de la violencia como dogma sangriento para conquistar impunidad estaba en su cabeza afiebrada por el odio a una justicia en tiempos democráticos que lo había encontrado culpable, sentencia ratificada por la historia, por la calle y por todos los estrados judiciales hasta la Corte Suprema de Justicia. Porque en el juzgamiento de los crímenes del terrorismo de Estado no hubo tribunales ni leyes especiales. No hubo venganza ni ritos salvajes a los que apeló Videla, otra vez, para subvertir el destino.
El periodista Horacio Verbitsky señaló: “Entre 2006 y septiembre de 2014, 503 personas fueron condenadas y 42 absueltas. Antes de llegar al debate oral, los jueces resolvieron la falta de mérito de 112 imputados y sobreseyeron a 54. Que el 30 por ciento de los imputados fuera sobreseído, absuelto o se le dictara falta de mérito, prueba la plena vigencia del derecho de defensa. Los responsables de estos delitos son discriminados, pero en su favor. Ni la edad avanzada ni los problemas reales de salud se pasan por alto a la hora de disponer el lugar de arresto o de cumplimiento de la pena. De hecho, uno de cada tres condenados se encuentra bajo el régimen de prisión domiciliaria, cosa que sólo ocurre con enfermos terminales entre quienes han cometido crímenes atroces pero no en el contexto del terrorismo de Estado. Muchos de quienes obtuvieron esa forma atenuada de arresto la violaron gracias a la falta de control o a la connivencia de quienes deben supervisarlos. De los 981 procesados por delitos de lesa humanidad, casi la misma cantidad están en prisión preventiva (467) y en libertad (454), pese a que buena cantidad de los acusados tienen la capacidad y los recursos económicos e institucionales para fugarse o entorpecer la investigación, como los 62 que se mantienen fugitivos, dos de ellos después de la condena. Es decir que el uso de la prisión preventiva no se explica por un ensañamiento con este grupo particular. Por el contrario, en el resto de la población blanco del sistema penal argentino casi no hay procesados por delitos graves en libertad, y entre los detenidos mucho más de la mitad no ha sido condenado”.
Videla fue fiel a sí mismo en su reivindicación y justificación de los crímenes cometidos. Fiel a sí mismo en considerarse un hombre “honesto y prudente”; un cruzado de una guerra santa, como “mensajero de Cristo pero también como soldado de Cristo”. Luego de cuarenta años del inicio de aquella tragedia que comandó, Videla siguió fiel a la muerte impiadosa que infligió. Los argentinos también fueron fieles —con marchas y retrocesos— a la lucha por la memoria, la verdad y la justicia, cuya columna vertebral son los organismos de derechos humanos y la decisión política del Estado expresada por el entonces presidente Kirchner cuando una tarde de marzo de 2003 en la ex ESMA pidió perdón a la sociedad por aquellos crímenes. Los argentinos fueron fieles a la construcción de una legislación nacional e internacional contra los delitos de lesa humanidad; fieles y orgullosos de levantar un monumento civilizatorio para nosotros y la humanidad como los verdaderos cimientos del Nunca Más que una y otra vez nos prometimos como único pacto posible para defender la vida y la libertad. Pero las presiones para el olvido y la impunidad no cejaron nunca. Intentaron asimilar la justicia a la venganza; intentaron equiparar los crímenes del Estado terrorista con la violencia de civiles guerrilleros; intentaron exculpar a quienes propiciaron la desaparición de cientos de obreros por convicción y lucro; intentaron volver la rueda atrás cada vez que la derecha política sumaba cuotas de poder. Nunca cejaron en intentar la impunidad no sólo de sus delitos económicos —vaciamiento de las arcas del Estado, endeudamientos masivos— sino de sus complicidades criminales. En prevención de la ofensiva sostenida por las corporaciones económicas y la resistencia de un sector del poder judicial para detener los juicios a civiles y militares pendientes, el gobierno de Cristina Kirchner promulgó el 31 de julio de 2015 la ley 27.156 sancionada por el Congreso, que prohíbe los indultos, amnistías o conmutación de penas para los delitos de genocidio, de lesa humanidad y crímenes de guerra, en consonancia con la legislación internacional. Una forma rotunda de afirmar que, en esto, siempre, la Argentina no debía estar aislada del mundo. La ley sostiene que “Las penas o procesos penales sobre los delitos de genocidio, de lesa humanidad y crímenes de guerra contemplados en los artículos 6°, 7º y 8° del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional y en los tratados internacionales de derechos humanos con jerarquía constitucional, no pueden ser objeto de amnistía, indulto o conmutación de pena, bajo sanción de nulidad absoluta e insanable del acto que lo disponga”.
Videla murió en mayo de 2013, pero la historia dirá si el huevo de la serpiente que empolló es un fantasma de recurrente vuelo sobre la democracia argentina. Un temor también recurrente, a partir de la irrupción de la restauración conservadora a fines de 2015, no ya por la promesa de violencia sobre los cuerpos, por lo menos inicialmente, sino por la gigantesca violencia simbólica y mediática que la precedió y la sucederá como promesa de su origen expoliador.
Los restos del dictador permanecieron seis días en la morgue judicial, luego fueron entregados a su familia, que recibió tres negativas de cementerio privados y una protesta popular en Mercedes, la ciudad natal de Videla, luego de que se conociera la intención que tenían de enterrarlo en el panteón en el que están sus antepasados. Finalmente recalaron en el Parque Memorial de Pilar. Fue un entierro veloz cubierto por una clandestinidad obligada. Sólo concurrieron su mujer y no más de diez personas de su entorno más cercano. Videla yace en una cripta con otro nombre: el de la familia de Florencio Alberto Olmos, a quien él había ungido mayor del Ejército en 1976. Comparte la muerte oculta con los restos del ex almirante Emilio Eduardo Massera y del ex brigadier Orlando Ramón Agosti; también con los de Martínez de Hoz, jefe económico del Estado terrorista que contó con el privilegio de una lápida con su nombre. La realidad se empeña en simetrías y anacronismos misteriosos. El destino del cadáver de Videla no fue exquisito: como parangón con los cuerpos de los argentinos que desapareció, tuvo una tumba sin su nombre. Rumbo a la nada, el dictador yace oculto de las furias póstumas. Pero el artilugio del perdón jamás lo alcanzará.
María Seoane y Vicente Muleiro
Buenos Aires, marzo de 2016
domingo, 6 de marzo de 2016
Carta de Brasil
"Una vez más las fuerzas y los intereses contra el pueblo se coordinaron y se desencadenaron sobre mí.
No me acusan, insultan; no me combaten, difaman; y no me dan el derecho de defensa.
Necesitan apagar mi voz e impedir mi acción, para que no continúe defendiendo, como siempre defendí, al pueblo y principalmente a los humildes. Sigo lo que el destino me ha impuesto.
Después de décadas de dominio y privación de los grupos económicos y financieros internacionales, me hicieron jefe de una revolución que gané. Comencé el trabajo de liberación e instauré el régimen de libertad social. Tuve que renunciar. Volví al gobierno en los brazos del pueblo.
La campaña subterránea de los grupos internacionales se alió con grupos nacionales revolucionarios contra el régimen de garantía del trabajo. La ley de trabajos extraordinarios fue interrumpida en el Congreso. Contra la Justicia de la revisión del salario mínimo se desencadenaron los odios.
Quise crear la libertad nacional en la potencialización de nuestras riquezas a través de Petrobrás, mal comienza ésta a funcionar cuando la onda de agitación crece. La Electrobrás fue obstaculizada hasta el desespero. No quieren que el pueblo sea independiente.
Asumí el gobierno dentro del espiral inflacionario que destruía los valores del trabajo. Las ganancias de las empresas extranjeras alcanzaban hasta el 500% al año. En las declaraciones de valores de lo que importábamos existían fraudes que constataban más de 100 millones de dólares al año. Vino la crisis del café, se valorizó nuestro principal producto. Intentamos defender su precio y la respuesta fue una violenta represión sobre nuestra economía al punto de vernos obligados a ceder.
Vengo luchando mes a mes, día a día, hora a hora, resistiendo la represión constante, incesante, soportando todo en silencio, olvidando y renunciando a todo dentro de mí mismo, para defender al pueblo que ahora se queda desamparado. Nada más les puedo dar a no ser mi sangre. Si las aves de rapiña quieren la sangre de alguien, quieren continuar chupando al pueblo brasileño, yo ofrezco en holocausto mí vida. Escojo este medio para estar siempre con vosotros. Cuando los humillaran, sentirán mi alma sufriendo a su lado. Cuando el hambre fuera a golpear sus puertas, sentirán en sus pechos la energía de lucha para ustedes y sus hijos. Cuando los desprecien, sentirán en mi pensamiento la fuerza para la reacción. Mi sacrificio los mantendrá unidos y mi nombre será vuestra bandera de lucha. Cada gota de mi sangre será una llama inmortal en su conciencia y mantendrá la vibración sangrada para resistir. Al odio respondo con perdón. Y a los que piensan que me derrotan respondo con mi victoria. Era un esclavo del pueblo y hoy me libro para la vida eterna. Pero este pueblo, de quien fue esclavo, no será más esclavo de nadie.
Mi sacrificio quedará para siempre en sus almas y mi sangre tendrá el precio de su rescate. Luché contra las privaciones en el Brasil. Luché con el pecho abierto. El odio, las infamias, la calumnia no abatirán mi ánimo. Les daré mi vida. Ahora les ofrezco mi muerte. Nada de temor. Serenamente doy el primer paso al camino de la eternidad y salir de la vida para entrar en la historia."
No me acusan, insultan; no me combaten, difaman; y no me dan el derecho de defensa.
Necesitan apagar mi voz e impedir mi acción, para que no continúe defendiendo, como siempre defendí, al pueblo y principalmente a los humildes. Sigo lo que el destino me ha impuesto.
Después de décadas de dominio y privación de los grupos económicos y financieros internacionales, me hicieron jefe de una revolución que gané. Comencé el trabajo de liberación e instauré el régimen de libertad social. Tuve que renunciar. Volví al gobierno en los brazos del pueblo.
La campaña subterránea de los grupos internacionales se alió con grupos nacionales revolucionarios contra el régimen de garantía del trabajo. La ley de trabajos extraordinarios fue interrumpida en el Congreso. Contra la Justicia de la revisión del salario mínimo se desencadenaron los odios.
Quise crear la libertad nacional en la potencialización de nuestras riquezas a través de Petrobrás, mal comienza ésta a funcionar cuando la onda de agitación crece. La Electrobrás fue obstaculizada hasta el desespero. No quieren que el pueblo sea independiente.
Asumí el gobierno dentro del espiral inflacionario que destruía los valores del trabajo. Las ganancias de las empresas extranjeras alcanzaban hasta el 500% al año. En las declaraciones de valores de lo que importábamos existían fraudes que constataban más de 100 millones de dólares al año. Vino la crisis del café, se valorizó nuestro principal producto. Intentamos defender su precio y la respuesta fue una violenta represión sobre nuestra economía al punto de vernos obligados a ceder.
Vengo luchando mes a mes, día a día, hora a hora, resistiendo la represión constante, incesante, soportando todo en silencio, olvidando y renunciando a todo dentro de mí mismo, para defender al pueblo que ahora se queda desamparado. Nada más les puedo dar a no ser mi sangre. Si las aves de rapiña quieren la sangre de alguien, quieren continuar chupando al pueblo brasileño, yo ofrezco en holocausto mí vida. Escojo este medio para estar siempre con vosotros. Cuando los humillaran, sentirán mi alma sufriendo a su lado. Cuando el hambre fuera a golpear sus puertas, sentirán en sus pechos la energía de lucha para ustedes y sus hijos. Cuando los desprecien, sentirán en mi pensamiento la fuerza para la reacción. Mi sacrificio los mantendrá unidos y mi nombre será vuestra bandera de lucha. Cada gota de mi sangre será una llama inmortal en su conciencia y mantendrá la vibración sangrada para resistir. Al odio respondo con perdón. Y a los que piensan que me derrotan respondo con mi victoria. Era un esclavo del pueblo y hoy me libro para la vida eterna. Pero este pueblo, de quien fue esclavo, no será más esclavo de nadie.
Mi sacrificio quedará para siempre en sus almas y mi sangre tendrá el precio de su rescate. Luché contra las privaciones en el Brasil. Luché con el pecho abierto. El odio, las infamias, la calumnia no abatirán mi ánimo. Les daré mi vida. Ahora les ofrezco mi muerte. Nada de temor. Serenamente doy el primer paso al camino de la eternidad y salir de la vida para entrar en la historia."
Getulio Vargas
24 de agosto de 1954
sábado, 31 de octubre de 2015
Archivo Prisma
En www.archivoprisma.com.ar esta el archivo audiovisual de la historia argentina. Lindo para inaugurarlo, es escuchar el discurso de Juan Domingo Peron del 10 de Octubre de 1945 (si, una semana antes del 17).
Peron esta renunciando a la Secretaria de Trabajo y Previsión. Por allá al fondo uno grita "Hay Peron para rato". Nunca supo cuan profético fue.
"Hay una consistencia social, y esa consistencia la aprecian, no los charlatanes, sino los obreros que la sienten".
http://www.archivoprisma.com.ar/registro/peron-discurso-ante-los-trabajadores-el-10-de-octubre-de-1945/
Peron esta renunciando a la Secretaria de Trabajo y Previsión. Por allá al fondo uno grita "Hay Peron para rato". Nunca supo cuan profético fue.
"Hay una consistencia social, y esa consistencia la aprecian, no los charlatanes, sino los obreros que la sienten".
http://www.archivoprisma.com.ar/registro/peron-discurso-ante-los-trabajadores-el-10-de-octubre-de-1945/
domingo, 19 de julio de 2015
La chispa de Perón
Otras no tanto. Por ejemplo el 24 de enero de 1944 se reunió el GOU (Grupo de Oficiales Unidos) en el recinto del Concejo Deliberante, para considerar la ruptura de relaciones con Alemania y el Japón. La sesión fue tumultuosa y los voceros del nacionalismo y la neutralidad sostuvieron firmemente su posición contra los rupturistas, encabezados por Enrique P. González, Eduardo Ávalos, Emilio Ramírez y Alfredo Argüero Fragueiro, quienes apoyaban decididamente al canciller Alberto Gilbert. No era sencillo pasar, sin preparación previa, del estado de neutralidad al estado de beligerancia. Juan Perón sostuvo esa noche la conveniencia de romper relaciones con Alemania y Japón cuya derrota ya era segura. Un oficial, con grado de mayor pidió la palabra y respondió a Perón: -Creo todo lo contrario: debemos romper relaciones y declarar la guerra a Rusia, Inglaterra y los Estados Unidos.
Perón, al vuelo, le contestó:-¿Ah, sí? ¿Y si les ganamos que hacemos?
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