lunes, 30 de noviembre de 2009

El hartazgo como motor

Veía recién la resolución del caso Federica, la chica que apareció en medio de la mas estúpida de las marchas y corte de calles hecha por el siempre fervoroso gremio docente llamado UTE.
Mi amigo Eduardo Lopez Secretario General de UTE explicaba que estaban haciendo la marcha porque "si tocan a un docente nos tocan a todos". La próxima movilización será porque pierde un caño en el quinto piso o porque la Pepsi viene con demasiado gas.
¿Somos una sociedad estúpida? ¿Estupidizada? ¿Irrecuperable?
Recordé que hace unos días me llegó el libro de Sergio Sinay titulado "La sociedad que no quiere crecer" a pesar que el prejuicio lo pone en los anaqueles de la autoayuda (¿Acaso alguna literatura valiosa no lo es?) transcribo algunos párrafos: "Una sociedad es adolescente cuando la mayoría de sus miembros confunde sus deseos con derechos y considera que los mismos tienen que ser satisfechos en el acto, por encima de cualquier razón y antes que los de otros o a costa de estos. Y es aún más adolescente cuando dividida en “tribus urbanas” (o piquetes de todo tipo y color) depreda, interrumpe, impide, descalifica, ignora, perjudica en nombre de sus declamadas urgencias. Cuando esas urgencias se convierten en las únicas válidas, la falsa adolescencia es aún mayor... Y cuando esa misma proporción de sus habitantes no confía en sus propios recursos existenciales y necesita siempre algún tipo de dopaje (psicofármacos, autos cada vez más veloces, artilugios tecnológicos cada vez más sofisticados, variados rejuvenecimientos artificiales), del mismo modo en que los adolescentes necesitan afirmar su identidad a través de la ropa, las zapatillas, el mp3, el celular estrambótico, el piercing, etc.
La pregunta, ante todo esto es: ¿una sociedad congelada en un estado de adolescencia perenne, disfuncional y tóxica por obra del comportamiento de la mayoría de sus adultos, puede guiar a los verdaderos adolescentes (a quienes lo son no por “nacionalidad” sino porque ese es el momento de sus vidas), hacia la construcción de una vida responsable, de una existencia preñada de sentido? ¿Puede exigirles a sus hijos que crezcan? La respuesta sólo puede provenir de los adultos que aún sobreviven en la sociedad argentina. Y de quienes despierten del ocio de una adolescencia disfuncional, ilusoria y tardía. Estén en la función que estén, hagan lo que hagan, tengan el cargo que tengan."


Una muestra de estupidez son las deudas que se siguen obsequiando a sectores con capacidad de lobby.
Una buena para el final: La provincia no permitirá la suprema idiotez del concurso Isenbeck.

1 comentario:

manuel el coronel dijo...

Nada más atinado que el calificativo adolscente, producto social que se confunde con etapa de crecimiento. Pero bueh, todos queremos ser jóvenes Cro Licenciado, jóvenes y boludos.